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Artritis reumatoide: importancia de su detección
Es una enfermedad inflamatoria crónica de origen autoinmune que produce daño articular con alteración de la calidad de vida. El reconocimiento de sus síntomas, como la persistencia de inflamaciones en las articulaciones, resulta indispensable para comenzar el tratamiento temprano y prevenir un daño mayor.
10 de octubre de 2013
Es probable que aquel dolor en las articulaciones que aparece por las mañanas y se atenúa con el correr del día sea más que una molestia pasajera y que merezca una visita al médico. La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad autoinmune crónica y degenerativa que afecta especialmente a las articulaciones, a las que produce una inflamación crónica, y que origina dolor, rigidez, hinchazón y pérdida de la movilidad del cuerpo.


Laura Maffei, directora de Centro Médico Dra. Laura Maffei, destacó que "se estima que afecta a un 1% de la población mundial, siendo las mujeres tres veces más propensas que los hombres".

"Si bien su aparición suele ocurrir entre los 40 y 50 años, la AR puede producirse a cualquier edad y se desconocen los factores exactos que la originan", explicó Maffei.

La especialista comentó que, en esta enfermedad, "el sistema inmunitario ataca a los tejidos de su propio cuerpo y los destruye progresivamente con distintos grados de deformidad e incapacidad funcional".

En ese sentido, comentó que, dado que las lesiones se producen durante los primeros 2 años, "es necesario estar atento a los síntomas para lograr una detección temprana".

"A diferencia de la artrosis que se hace notar después de hacer algún ejercicio o algún esfuerzo físico, la artritis reumatoide suele aparecer por la mañana y va desapareciendo progresivamente a medida que el paciente ejerce su actividad diaria. La inflamación de las articulaciones afectadas causar dolor, rigidez articular y puede generar abultamientos duros (nódulos reumatoides) en las zonas de roce de la piel como los codos, el dorso de los dedos de las manos y de los pies, e incluso pueden encontrarse en el interior del organismo. El daño articular, cuanto más severo, altera la calidad de vida y aumenta la discapacidad motriz; por lo que un tratamiento temprano resulta esencial", añadió la experta.

La AR también puede producir algo de fiebre y, en ocasiones, una inflamación de los vasos sanguíneos (vasculitis) que provoca lesión de los nervios o úlceras en las piernas. La sequedad de la piel y las mucosas son otra señal de que se está padeciendo esta patología, lo cual ocasiona una inflamación y posterior atrofia de las glándulas que fabrican las lágrimas, la saliva, los jugos digestivos o el flujo vaginal (síndrome de Sjogren).

A su vez, al causar inflamación de las membranas que envuelven los pulmones (pleuresía) o de la envoltura del corazón (pericarditis), esta enfermedad crónica incluso puede generar dolor torácico, dificultad para respirar y una función cardíaca anormal.

Al tratarse de una enfermedad autoinmune, se desconoce su origen exacto pero puede ser motivada por factores genéticos u hormonales, o asociarse a otra enfermedad autoinmune como la Enfermedad de Graves o Tiroiditis de Hashimoto. Por este motivo, la consulta endocrinológica resulta de gran ayuda. Debido a que los síntomas de esta enfermedad no suelen ser del todo evidentes durante su inicio, puede dificultarse el diagnóstico. Sin embargo, es muy importante que se controle cuanto antes ya que de ello depende la evolución de la patología.

"Resulta necesario que quienes sospechen de padecer esta patología hagan la consulta médica, para así poder comenzar con un tratamiento temprano que va a impedir el daño sobre las articulaciones y va a mejorar la calidad de vida de los pacientes", dijo Maffei.

Consejos para convivir con la artritis reumatoide

Desde el momento en el que una persona es diagnosticada con esta enfermedad, es necesario que el paciente emprenda una vida que se adapte a su padecimiento. Para ello, se recomienda:

- Evitar una vida agitada y movimientos bruscos.

- Dormir una media de 10 horas.

- Evitar aquellos trabajos que requieran un ejercicio físico intenso.

- Durante la jornada laboral, mantener una posición recta en el asiento y evitar permanecer con el cuello o la espalda doblados durante mucho tiempo.

- Durante el reposo, mantener una postura adecuada, evitar doblar las articulaciones y mantener los brazos y las piernas estiradas.

- El calzado tiene que ser elástico, firme y de piel. El talón debe llevarse sujeto, la puntera ancha y el empeine lo suficientemente alto para que no se produzcan rozaduras.

- La obesidad puede provocar un sobrepeso sobre las articulaciones, por ello, hay que intentar llevar una dieta sana e equilibrada.