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24 de junio de 2017
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Por Leonardo Coscia
70% de los menores de 2 años pueden tener bronquiolitis
En abril se inicia la época del año donde aparecen los casos de bronquiolitis en los bebés. Hasta julio, los padres deben estar especialmente atentos a los síntomas para tratarla a tiempo. ¿Cuáles son las claves?
21 de abril de 2017
En abril y hasta julio inicia la temporada de bronquiolitis, una afección respiratoria que afecta las vías aéreas inferiores o ‘bronquiolos’ que aqueja especialmente a los más pequeños. De fácil contagio y trasmisión de persona a persona por el contacto directo con secreciones nasales, la bronquiolitis representa un riesgo para la salud pública por el gran número de hospitalizaciones en los bebés de alto riesgo.

De acuerdo a Guillermo Colantonio, jefe de neonatología del Sanatorio Finochietto y coordinador de neonatología de la Clínica y Maternidad Suizo Argentina “dos tercios de los menores de 2 años podrían verse afectados por este virus”, aunque destacó que “dicha afección no ataca a todos por igual; son los infantes de riesgo los más vulnerables”.

Se considera grupo de riesgo a los bebés nacidos prematuramente de bajo peso, o con ciertas afecciones pulmonares producto de haber recibido ventilación mecánica por largo tiempo. También forman parte del grupo considerado más vulnerable los niños con cardiopatías congénitas. Esta población tiene un riesgo entre 4 y 5 veces mayor de hospitalización por infección por VSR respecto de los niños sanos, como también, más riesgo de evolución grave y complicaciones.

Como no existe una vacuna que evite el contagio, y para prevenir cuanto sea posible la trasmisión del virus, los especialistas recomienda llevar adelante una serie de hábitos que permitirán cuidar al bebé.Entre los mismos se destacan:

· Cumplir el calendario nacional de vacunación y con las vacunas que determine el pediatra, tanto para el bebé como para quienes conviven con él.

· Concurrir a los controles rutinarios con el médico.

· Evitar la contaminación ambiental con humo (ya sea humo de cigarrillo u otros) y evitar el hacinamiento.

· Impulsar y mantener la lactancia materna.

· Cuidar la higiene; mantener las manos limpias de quienes están en contacto con el menor.

En el caso de los niños que forman parte del grupo más vulnerable es importante cumplir con el esquema completo de inmunización pasiva que actúa como un “escudo” para la protección de esta población. En tal sentido, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) recomienda, teniendo en cuenta las semanas de circulación viral, iniciar la profilaxis durante el mes de abril, con una aplicación mensual del anticuerpo monoclonal de hasta un máximo de 5 dosis.

La inmunización pasiva está incluida en la “Estrategia Integral de Prevención de Infecciones Respiratorias en prematuros de alto riesgo” del Ministerio de Salud de la Nación y en niños con cardiopatías congénitas con inestabilidad hemodinámica significativa, según las recomendaciones consensuadas con las sociedades científicas. La inmunidad persiste por un período acotado de tiempo, por lo que es fundamental la aplicación mensual de las dosis para mantener los niveles adecuados de anticuerpos durante la época de mayor circulación viral. La inmunización pasiva debe acompañarse además de todas las demás medidas de prevención.

“En la población vulnerable, diversos estudios demuestran que si se llevan adelante todas estas medidas de forma conjunta, disminuye la tasa de hospitalización, los días de oxígeno, la gravedad del cuadro respiratorio y, junto con ello, la disminución de la mortalidad también es significativa”, aclaró Colantonio.

Además de las consideraciones generales preventivas, es necesario prestar atención a los principales síntomas y tener en cuenta que cuánto más pequeño es el niño, más importantes pueden ser los síntomas.

· Mucosidad nasal.
· Tos, catarro.
· Respiración más rápida (taquipnea) y aumento de tos.
· Respiración ruidosa con silbidos (sibilancias).
· El niño se agita fácilmente.
· Hundimiento de las costillas al respirar.
· Dificultad para alimentarse o para conciliar el sueño.
· Piel azulada o muy pálida.
· Fiebre con temperatura mayor a 38°C.

“Ante la aparición de los primeros síntomas, como dificultad respiratoria, agitación, dificultad para comer o dormir, es fundamental consultar con el médico”, concluyó el especialista.