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SPM: una dolencia más común de lo que se cree
La gran mayoría lo toma como normal y tarda hasta 10 años en consultar al médico. Los síntomas se dividen en físicos, conductuales y anímicos. Dolores mamarios, abdominales y de cabeza, hinchazón, cambios alimentarios, trastornos del sueño y cambios de humor son los principales síntomas. Algunas ven afectadas sus relaciones de pareja, familiares y hasta laborales
9 de febrero de 2018
(*) Por Gabriela Ferretti (MN: 81.108) Médica clínica, médica neuróloga, auditora médica y médica legista. Vicepresidente de APERCA, la Asociación de Peritos de la Salud de la Ciudad de Buenos Aires.

Muchas mujeres viven la llegada de su período menstrual como un problema. Dolores, hinchazón, malestar general, irritabilidad y cambios de humor son algunos de los síntomas que experimenta nada menos que un 85% de quienes están en edad fértil. Cuando esta sintomatología interfiere en las actividades de la vida diaria se habla de la presencia de Síndrome Premenstrual (SPM).

Si bien sólo un 5% de las mujeres tiene síntomas que le significan un cambio importante en su calidad de vida, para muchas de ellas puede significar problemas en sus relaciones, tanto de pareja como familiares, y también en el trabajo.

No es una enfermedad en sí, ni mucho menos de un trastorno psiquiátrico, sino que se trata de una problemática cíclica, que se puede prevenir y que tiene tratamiento. No obstante, algunas veces puede coexistir con problemáticas psiquiátricas, lo que empeora aún más la sintomatología.

Se lo define, entonces, como un conjunto de síntomas relacionados con el ciclo menstrual, los cuales se dividen en tres grupos:
Físicos: sensibilidad o dolor mamario, distensión abdominal, dolores de cabeza, hinchazón en general y aumento de peso.
Conductuales: cambios en los patrones alimentarios, principalmente necesidad de harina o dulces. También trastornos del sueño, que se pueden dar con insomnio o, por el contrario, necesidad de dormir más.

Anímicos: irritabilidad, cambios de humor, ciclotimia, disminución de interés por actividades habituales, falta de concentración, ansiedad, tensión y lo que se conoce como “estar con los nervios de punta”.

En muchos casos estos síntomas se manifiestan de manera aislada. No obstante, cuando la gran mayoría se hace presente e interfieren en la vida diaria se puede hablar de un SPM. Incluso, si la gravedad es mayor, se lo cataloga como un Trastorno Disfórico Premenstual (TDPM), según definición de la Asociación Americana de Ginecología y Obstetricia y el Manual de Enfermedades Mentales.

El carácter cíclico de estos padecimientos suele comenzar una semana o dos antes del inicio de la menstruación y se prolonga unos tres o cuatro días luego de su llegada. Esto es importante debido a que si estos síntomas se mantuvieran fuera de estos días, se debería pensar en otro tipo de cuadro.
También es fundamental descartar otro tipo de enfermedades físicas, como puede ser la endometriosis o algún otro trastorno ginecológico.

Cuanto antes, mejor

Si bien la edad de inicio del SPM suele ser aproximadamente a los 20 años de edad, la gran mayoría de las mujeres tarda unos diez años en realizar la primera consulta, ya que lo toma como algo “normal” en la mujer.

Si no se hace nada al respecto, los síntomas se pueden incrementar en intensidad a partir de los 30-40 años, y empeora más a medida que se acerca la etapa del climaterio.

La única manera de llegar al diagnostico es por los síntomas que refiere la mujer, que cuanto más exactos sean, permitirán al profesional arribar al diagnostico y graduar el grado de severidad de la afección.

En este contexto, es recomendable que cada una pueda llevar un registro al menos durante tres ciclos menstruales de cuáles son sus síntomas, cuándo aparecen, el nivel de intensidad que tiene cada uno y, muy importante, en qué grado interfieren éstos en su vida diaria. Existen aplicaciones para el celular que pueden facilitar la tarea.

En función de este análisis, se podrá llegar a un diagnóstico preciso e indicar el tratamiento adecuado. Es importante señalar que los tratamientos siempre son individualizados.

El origen del SPM es multifactorial. Si bien no se puede indicar con precisión su factor desencadenante, varios estudios sugieren a los cambios en los niveles de los neuroesteroides (subclase de esteroides que pueden sintetizarse en el sistema nervioso central) como responsables de la aparición de estas patologías.

Calidad de vida afectada

El SPM ha sido reconocido como un problema que afecta a la mujer en los aspectos familiares, laborales y sociales, con impacto directo en su calidad de vida.

Especialistas estimaron que, si se suman los días afectados por causa del SPM, una mujer padece estos síntomas aproximadamente entre 7 y 8 años de su vida activa.

La concientización social de estos estados transitorios ayudan a quitar el estigma que históricamente tiene la referencia popular a estos “días femeninos”, que han colocado a la mujer en muchos casos en situaciones de vulnerabilidad en su más amplio sentido.
Por esta razón, consultar al médico en busca de una solución es el primer paso para paliar los síntomas y recuperar la calidad de vida.

Cada mujer puede encontrar estrategias conductuales propias y con su entorno cercano para sobrellevar los días cuya emoción no le juegan una buena pasada.

Es fundamental saber que no existe un tratamiento único universalmente aceptado, especialmente en los casos donde afecta la vida diaria. Básicamente, y según la intensidad de los síntomas, se podrá dividir el tratamiento en dos pilares: No farmacológico y farmacológico.

1) Tratamiento no farmacológico:
El ejercicio físico puede ayudar a que la intensidad de los síntomas sea menor.
Restringir el consumo de cafeína, sal y azúcares refinados: disminuye el los síntomas de irritabilidad, insomnio, retención de líquidos, congestión mamaria y aumento de peso.
Incorporar alimentos ricos en calcio (principalmente lácteos) y vitamina B6 (carnes de pollo, ternera, cerdo y pescado; espinaca, morrón, brócoli y espárragos; frutos secos y cereales integrales) durante este periodo.
Terapia cognitivo conductual.

2) Tratamiento farmacológico:
Si la mujer utiliza píldoras anticonceptivas, puede consultar con su ginecólogo a fin de elegir una formulación que se adapte mejor a este tipo de problemática.
Existe evidencia científica que puede indicarse el uso de fármacos antidepresivos, del tipo de los inhibidores de la recaptación de serotonina, que se utilizan sólo durante el período de sintomatología. En caso que este régimen no sea efectivo, se puede indicar este tratamiento de manera regular.

Los ansiolíticos, en forma individualizada, también pueden llegar a tener algún tipo de acción terapéutica.

Por lo tanto, aceptar el problema, consultar con el especialista y lograr un cambio en los hábitos es el primer paso para recuperar la calidad de vida.