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11 de noviembre de 2019
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Por Sebastián Martínez
"Fama": tres décadas después, lo mismo (light)
31 de marzo de 2010
En los 70 y los 80, antes de dedicarse a filmar bodrios como "Evita" o "Las cenizas de Angela", Alan Parker era un director muy respetado. No era para menos. "Expreso de medianoche", "Pink Floyd The Wall", "Birdy", "Mississipi en llamas" e incluso "The Commitments" fueron películas para prestarles atención, discutir y, en más de un caso, disfrutar.

Y en medio de esa media docena de filmes más que interesantes, allá por 1980, cuando Parker aún no había cumplido 40 años, se le animó a una película que iba un poco en contra de su propia filmografía. El trabajo llevó el título de "Fama". Quizás no fue la película que más le haya elogiado la crítica. Pero fue, junto con "Pink Floyd The Wall", una de las únicas dos que lograron crear un verdadero fenómeno en torno suyo.

La pasión que despertó "Fama" en su momento llevó a que, pocos años más tarde, una serie con el mismo nombre comenzara a emitirse por televisión prácticamente en todo el mundo, con muchísimo éxito allí donde aparecía en las pantallas. ¿Y quién que haya vivido la década del 80 no recuerda a personajes como Coco, Leroy, el profesor Shorofsky o Bruno Martelli?

Ahora han pasado 30 años de aquel hito y Hollywood ha vuelto a posar sus ojos sobre aquella película, con la intención de sacar todavía algún rédito de sus méritos. Es por eso que llega a las pantallas grandes una nueva versión de "Fama", que comienza con aquella ya célebre frase: "La fama cuesta y es aquí donde comienzan a pagarla, con sudor".

Por supuesto, ya no está Alan Parker detrás de las cámaras, sino un tal Kevin Tancharoen, quien no viene de filmar precisamente "Expreso de medianoche" sino unos cinco proyectos televisivos más o menos ordinarios.

No exageremos. La película original no era una obra maestra. Pero estaba filmada, por decirlo de algún modo, con pasión. La nueva es simplemente una película pasada por la procesadora de la industria, que dice dónde se puede poner una cámara y dónde debe ponerse una luz.

Tampoco es cuestión de ensañarse con la versión 2009 de "Fama". Pero sí decir que sus conflictos son más o menos obvios; sus musicales, mayormente inverosímiles (esto también ocurría en la primera); y su crecimiento dramático, entre previsible, optimista e ingenuo. La historia ya todos la conocen: un grupo de adolescentes ingresa a la Escuela de Artes Escénicas de Nueva York y pasa las de Caín tratando de demostrar (y demostrarse) que pueden ser alguien en el mundo del arte.

¿No hay nada rescatable de la nueva "Fama"? Sí, lo hay. No es, para empezar, una película antipática. Hay algunos actores completamente desconocidos que tienen cierto carisma y cierto talento, al menos como cantantes o bailarines. Y los actores un poco más veteranos que ofician de profesores, también aportan lo suyo, especialmente Megan Mullally, a quien algunos ya conocen de la serie "Will and Grace".

Hay también un dejo de humildad en el planteo de la película que la salva, por lo menos, de ser grandilocuente. Algo es algo. Esta versión de "Fama" para el siglo XXI no se ve con desagrado. Son, de hecho, más o menos plácidas las dos horas que estamos delante de la pantalla. No hay sobresaltos, no hay sorpresas, no hay cuestionamientos...

No hay prácticamente nada. Pero, no por eso, uno la pasa mal. Más bien espera que termine con tranquilidad, quizás distrayéndose de a ratos, moviendo el pie cada tanto con algún ritmo pegadizo, valorando alguna nota alta de una cantante, hasta que todo acaba de un modo que ya imaginamos. Y nos vamos a casa. Sin nada nuevo, pero (al menos) sin sentirnos estafados.