Noticias actualizadas las 24 horas Información clave para decidir
18 de julio de 2019
Seguinos en
Por Sebastián Martínez
"La revelación": el bueno y el malo, al revés
2 de marzo de 2011
Jack es un hombre ya entrado en años, que desde hace mucho tiempo ocupa su escritorio como oficial de libertad condicional. Pero no hay que imaginarse a un hombre de acción. Jack es un burócrata. Un señor cuyo trabajo consiste en sentarse en su oficina y entrevistar a un sinnúmero de presos que quieren convencerlo de que merecen un voto de confianza y salir de la cárcel.

Su vida, que tiene alguna mancha oscura reprimida en el pasado, es bastante rutinaria. El diálogo con su esposa de toda la vida es casi inexistente. Ambos concurren a la iglesia regularmente y ambos gustan de sentarse en el alero de su casa y tomar generosos vasos de whisky. Pero prácticamente no hablan, no hay demasiada vida en la casa de Jack. Levantarse, trabajar, cenar, tomar whisky, mirar televisión y, al día siguiente, otra vez la misma rutina.

Cuando la jubilación ya está al alcance de la mano, Jack recibe un último caso. Se trata de Stone, un hombre más joven, preso por estar involucrado en la muerte de su abuelo, años atrás. Al comienzo, parece un caso más y, de hecho, Jack se muestra renuente a recomendar la liberación bajo palabra de Stone.

Pero un par de cosas pasan en el medio. Por un lado, la hermosa esposa de Stone interviene en el asunto y está dispuesta a hacer cualquier cosa para ver a su marido en libertad. Por otra parte, el propio Stone comienza a entrar en contacto con libros místicos de la biblioteca de la prisión y, al menos en apariencia, su visión del mundo comienza a cambiar.

Así que de un lado tenemos a un hombre cansado y aburrido de su vida que se verá sometido a presiones y tentaciones. Del otro, a un preso que parece desesperado por salir de la cárcel hasta que dice experimentar una especie de epifanía y ya todo empieza a darle un poco lo mismo. Y, en el medio, dos mujeres una joven y hermosa, la otra avejentada y harta de la chatura de su vida.

No es conveniente adelantar mucho más sobre el argumento de este filme. Sólo se puede agregar que la operación que propone, dentro de su propia moral, es que el espectador presencie una inversión de roles. El supuestamente bueno muestra su costado oscuro, y el criminal se revela como un ser capaz de cierta espiritualidad.

El dato que en verdad vale la pena son los actores. Primero vamos con los secundarios, que han quedado en manos de la bella Milla Jovovich y de la experimentada Frances Conroy. Pero el hecho central son los protagonistas: Robert De Niro y Edward Norton son quienes sostienen una película cuyo planteo tiende a la intrascendencia.

Sin De Niro y Norton, “La revelación” sería apenas un telefilme propicio para mirar mientras se espera que comience el partido del sábado o la salida del fin de semana. Con estos dos actores desplegando sus recursos, la cosa alcanza a tener un poco más de densidad. Aquellos que ya los admiren, deberán darse una vuelta por “La revelación” para ver qué es lo que ofrecen aquí. Quienes no estén interesados las carreras de De Niro y Norton, no encontrarán en “La revelación” mayores atractivos.