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Por Sebastián Martínez
"Un despertar glorioso": la TV ataca y gana
9 de marzo de 2011
No hay que albergar grandes expectativas respecto de "Un despertar glorioso". Es, si quiere resumirse, una típica película salida de la fábrica de embutidos que normalmente es Hollywood, sostenida (eso sí hay que reconocérselo) por el carisma de algunos actores talentosos y otros actores de moda.

El filme cuenta la historia de Becky (Rachel McAdams), una joven productora televisiva, adicta al trabajo y con problemas para conseguir novio, que de un día para el otro pierde su empleo, pero encuentra otro más desafiante: tomar a su cargo el decadente show matinal de un canal importante y tratar de elevar sus números de rating.

Como productora ejecutiva del programa, en su primer día de trabajo Becky despide a uno de los conductores (un sexópata interpretado por Ty Burrell) y sostiene a su histórica compañera (Diane Keaton). Pero ahora el problema es que debe encontrar a un hombre para que ocupe la pantalla. Y su elección recae en un experimentado y prestigioso periodista (Harrison Ford), que lo último que quiere hacer en su vida es conducir un show matinal, pero se ve forzado por contrato a tomar el puesto.

Ya se sabe cómo son los programas matutinos de los Estados Unidos: recetas de cocina, algo de farándula, historias sobre mascotas y mucho reporte del clima. Es decir, una agenda muy ajena a los deseos de un periodista que tuvo que cubrir guerras y temas de alta política.

De hecho, lo más interesante del filme podría ser un atisbo de debate que sobrevuela el guión, en el que la televisión como entretenimiento se opone a la televisión como vehículo de información. Pero la discusión no pasa de ser superficial y los resultados argumentales son un poco deprimentes, aunque "Un despertar glorioso" intente convencernos de lo contrario.

En el medio de todo esto, Becky conocerá a un colega que trabaja en el mismo canal (Patrick Wilson), con el que mantendrán el costado romántico del asunto. Y, siempre presente, estará la batalla por el rating, cuyo emisario es en este caso uno de los ejecutivos de la cadena televisiva (Jeff Goldblum).

Si algo se puede rescatar de "Un despertar glorioso" hay que buscar por el lado de los intérpretes. McAdams es, además de cotizada, bonita y simpática. No que ensañarse con ella. Hace lo que le piden con bastante soltura. Patrick Wilson, por su parte, no es un mal actor, pero aquí la química con McAdams no termina de funcionar bien.

Los que ya se saben el oficio de memoria y es un placer verlos en pantalla aunque sea en estas comedias prefabricadas son Harrison Ford, Diane Keaton y Jeff Goldblum. Si hubiese que justificar la película, los mejores argumentos serían sus apariciones en pantalla.

En definitiva, es la historia de una chica que trabaja demasiado, cuyo empleo puede ser difícil, que tiene que lidiar con egos imposibles de domesticar y que, al fin y al cabo, quiere ser feliz. Ahora: el significado que Hollywood le otorga a las palabras "trabajo". "difícil" y "feliz" son, desde ya, muy cuestionables. Y sobre el valor que le otorgan a la palabra "entretenimiento" habría que escribir un libro entero. Pero ver "Un despertar glorioso" nos da una buena idea del asunto.