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Actividad física ¿en qué casos se recomienda?
La actividad física no solo previene diversas enfermedades, sino que mejora la calidad de vida de pacientes diagnosticados
10 de marzo de 2017
El bajo nivel de actividad física o sedentarismo constituye unos de los mayores desafíos en el ámbito de la salud para este siglo. Por ese motivo, resulta importante reconocer cuál es su impacto a nivel global, cómo se relaciona con ciertos factores de riesgo cardiovascular prevenibles, cuáles son los potenciales beneficios de mantenerse físicamente activo o activa y de qué manera puede alcanzarse un estado de actividad física saludable y sustentable.

Claudio González, coordinador de la Sección Rehabilitación Respiratoria de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria, explicó que "se considera que la baja actividad física sería la causa del 10% de todas las muertes que se producen por año en el mundo".

"En la Argentina, según una encuesta nacional reciente, 54.7% de las personas son inactivas físicamente y esta baja actividad se presenta con mayor frecuencia en mujeres, en personas de mayor edad y en aquellas de menores recursos. En nuestro país, como en el resto del mundo, los factores que favorecerían el sedentarismo son múltiples e incluyen cambios en el estilo de vida propiciados por la urbanización, los medios de transporte y el uso masivo de dispositivos que proponen formas de entretenimiento que eluden la actividad física", manifestó el especialista.

González dijo que "las situaciones de sobrepeso y obesidad suelen asociarse a bajos niveles de actividad física, lo que aumenta la posibilidad de desarrollar diabetes, hipertensión arterial y, finalmente, enfermedad coronaria, que es la primera causa de muerte a nivel mundial".

"En nuestro país, el 37% de las personas tienen sobrepeso y peor aún, 20.8% tienen obesidad, por lo que casi 6 de 10 argentinos pesan más de lo recomendable", enfatizó.

Los beneficios de mantener un nivel adecuado de actividad física son múltiples. En las personas con sobrepeso u obesidad, los ejercicios físicos prescriptos por un médico capacitado u otro profesional idóneo en la materia, mejoran el trabajo cardíaco y respiratorio, disminuyen la posibilidad de desarrollar diabetes o hipertensión por el exceso de peso, fortalecen músculos y huesos, disminuyen el riesgo de padecer algunos cánceres y generan una sensación de bienestar en los casos de depresión.

En quienes tienen enfermedad coronaria, se sabe desde largos años que la rehabilitación cardiovascular a través de un programa de ejercicios supervisado es muy beneficiosa y que también mejora el control de pacientes con hipertensión arterial.

En relación con una de las enfermedades respiratorias más frecuentes, la relación entre fumar tabaco y el riesgo de desarrollar EPOC según los pacientes sean o no físicamente activos, es un tema por demás interesante. Se ha observado en prolongados estudios europeos que aquellas personas que fuman, pero mantienen un nivel moderado a alto de actividad física, tienen menor riesgo de desarrollar EPOC que aquellas que se mantienen sedentarias a lo largo de los años.

Por último, en aquellos pacientes que ya tienen EPOC, los Programas de Rehabilitación Respiratoria, mediante un entrenamiento muscular supervisado y otras intervenciones, logran mejorar la sensación de disnea (falta de aire) y la calidad de vida, reducen la frecuencia de internaciones y mejoran la expectativa de vida de los pacientes.

En lo que concierne a otra patología respiratoria muy frecuente, el Asma Bronquial, salvo en casos puntuales de pacientes con asma grave de difícil control, la actividad física, los ejercicios o incluso la competencia deportiva no suelen tener limitaciones bajo un tratamiento adecuado. Lo expuesto queda claro con dos ejemplos: entre 40 al 90% de los pacientes con asma desarrollan el fenómeno del Asma Inducida por el ejercicio; además, el 43% de los atletas olímpicos varones y el 57% de las mujeres que practican deportes de invierno suelen presentar también dicho trastorno.

Puede imaginarse fácilmente qué ocurriría con toda esta inmensa población de personas con asma, atletas o no, si el ejercicio como desencadenante no pudiera ser controlado como suele hacerse con medidas que incluyen un buen precalentamiento antes de competir, un simple aerosol o incluso un entrenamiento aeróbico específicamente dirigido para evitar su aparición.

Cómo alcanzar un nivel de actividad física saludable es tarea sencilla, sólo depende de la propia voluntad y de contar con el buen consejo de un profesional. Según recomendaciones internacionales, toda persona sana requeriría realizar al menos 150 minutos de actividad leve-moderada a la semana (caminatas, ciclismo, etc.) repartidas en 5 días de 30 minutos o en 3 de 50 minutos.

Para patologías como la obesidad, la prescripción semanal debería duplicarse, pero siempre debe tenerse en cuenta la actividad física en la que el paciente se siente más cómodo, la finalidad por la que busca hacer actividad física y el acompañamiento familiar, grupal y profesional en la toma de sus decisiones.

Son excepcionales los casos en los que se desaconseja desarrollar actividad física. Sólo es necesario consultar a un profesional de la salud, para definir a quién está dirigida, con qué fin y poder adecuar la actividad según cada caso.