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Menem, fanático de River y deportista por excelencia
El ex presidente era fanático del "millonario" y no lo ocultaba. Admiraba a la Selección argentina y fue un apasionado de deportes como el fútbol
14 de febrero de 2021
Fue un apasionado de los deportes y practicó varios en muchos pasajes de su vida. Amante del fútbol -construyó una cancha en la Quinta de Olivos- apasionado del golf y del rally (corrió algunos), el riiojano también tuvo tiempo para el tenis y el básquet.

“Yo me formé en la escuela del deporte y por eso estoy convencido de que detrás de un hombre que hace deportes hay un hombre bueno”, dijo Carlos Saúl Menem el 30 de agosto de 1989 tras disputar un partido de básquet en el estadio Luna Park con la camiseta N°10 de un equipo llamado Combinado Nacional, como parte de una causa benéfica.
Pero así como se vistió de basquetbolista, también lo hizo de futbolista, tenista, golfista, de copiloto y hasta de boxeador durante los 10 años de su gestión como presidente de la Nación (8 de julio de 1989 al 10 de diciembre de 1999), ciclo en el que hizo uso del deporte como fiesta del pueblo.

El fútbol ocupaba el escalafón más alto en su ránking de disciplinas predilectas y River fue su gran amor. En tiempos de codificado, el presidente recibía en la Quinta de Olivos la señal directa de los partidos del equipo y, no conforme con seguir todos y cada uno en vivo, esperaba con ansias que llegara el domingo por la noche para ver Fútbol de Primera, su programa favorito.

Fanático del "Millonario", quiso en las proximidades del Mundial de Italia 1990 que Ramón Díaz, entonces DT del Millonario, reemplazara en la Selección a Carlos Bilardo, de cuyo estilo era detractor, lo que lo enemistó por un tiempo con Diego Armando Maradona. Las rispideces se escondieron debajo de una alfombra en la Quinta de Olivos tras una reunión a la que El Doctor fue convocado en abril de ese año y tras la cual, frente a los flashes y micrófonos de fotógrafos y periodistas, Menem sentenció: “Bilardo es el mejor del mundo”.

De aquel Mundial, un recuerdo imborrable: el riojano estuvo en el partido inaugural entre Argentina y Camerún y hasta compartió con la delegación nacional un tiempo durante la concentración en Milano. La Albiceleste perdió en el debut con el gol de Omam Biyik y desde entonces nunca más un presidente argentino estuvo en una cita mundialista.

Durante su gestión, además, se inauguró el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD), en tiempos de Fernando Galmarini como secretario de Deportes (a quien luego continuaron Livio Forneris y Hugo Porta), Argentina participó en dos ediciones de Juegos Olímpicos, Barcelona 1992, Atlanta 1996, con muy magra cosecha de medallas: apenas cuatro en total.

El momento de apogeo del deporte nacional durante su presidencia estuvo en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata 1995, en los que se logró una cosecha de 159 medallas. De aquel evento, si bien jamás estuvieron a disposición los balances oficiales, se estimó el costo de la organización en 130 millones de dólares.

Entre otros de los grandes eventos deportivos que llevaron su firma se cuentan el Mundial de Básquet de 1990 celebrado en el país (Yugoslavia fue el campeón) y el regreso a la Argentina de la Fórmula Uno, en 1995, tras 14 años de ausencia.

El país celebró desde entonces cuatro Grandes Premios. Damon Hill ganó los de 1995 y 1996. En 1997 el triunfo fue para Jaques Villeneuve y en 1998 para Michael Schumacher, a quien el entonces presidente Menem había recibido en la Quinta de Olivos en abril. “Es un hombre muy agradable, y demostró ser una persona sencilla, que no quiere estar alejada de las cosas más simples”, dijo entonces el séptuple campeón del mundo.

Ese año, además, el Comité Olímpico Internacional (COI) preseleccionó a Buenos Aires junto con Roma, Ciudad del Cabo, Estocolmo y Atenas, para albergar los Juegos Olímpicos de 2004. Entre las propuestas incluidas en la presentación que se hizo ante el máximo estaba el saneamiento del Riachuelo. La ciudad capital recibió sólo 16 votos en la rueda final, pero el sueño ya había requerido inversiones por cerca de 10 millones de dólares.

¿Y hubo más? Sí, porque Carlos Saúl Menem creía que el deporte era la garantía de gran parte de su popularidad. En 1989 corrió junto a Carlos Lole Reutemann en el autódromo de Buenos Aires la “carrera de los famosos”. Además, jugó al tenis con Guillermo Vilas y con Gabriela Sabatini.

El riojano fue también un aficionado del golf, deporte que jugaba cada vez que podía, en cualquier lugar donde estuviese, pero que también citó de manera insólita en 1994 durante un acto en Viedma.

En plena crisis económica y social de la Argentina, estuvo allí acompañado por el obispo Miguel Hesayne, cuando se animó a pedir golf para los pobres. “Existen preconceptos con el golf, un deporte que la gente tilda de elitista, cuando en realidad no lo es”, dijo y propuso que una fundación recaude fondos para financiar la incorporación al juego de “los menos pudientes”. El religioso luego dio a conocer una carta en la que se refirió a la actitud de Menem como “el desatino de un delirante”.