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Eterna competencia entre ficción y realidad
30 de agosto de 2006
Todo filme que se proponga reconstruir un hecho histórico, reciente o lejano, será campo de batalla de la eterna guerra entre ficción y realidad. Pero en el caso de “Vuelo 93” este conflicto bélico parece haber ido, en algunas ocasiones, un poco lejos.

Por un lado, varios familiares de las víctimas reales del “Vuelo 93” colaboraron con el director de la película, el británico Paul Greengrass. No sólo le dieron información documental sobre lo ocurrido dentro del avión, sino que le contaron hasta cuál era la ropa que usaban sus seres queridos la mañana de la catástrofe.

Esto no parece, sin embargo, inusual. Es algo que se ha dado en otras películas con pretensiones documentales. Más extraña es, en cambio, la decisión de Greengrass de mantener separados, durante el rodaje, a los actores que debían personificar a los terroristas y al resto del elenco. Tenerlos en distintos hoteles, sostenía el director, les daba mayor desconfianza y hostilidad mutua cuando los reunía en el set donde se reconstruyó el avión.

De todos modos, el colmo del cruce entre ficción y realidad que se vivió en torno a esta película tuvo como protagonista al actor Lewis Alsamari. Este joven encarnó en el filme al lider del grupo terrorista que secuestra el vuelo de la empresa United. Nació en Irak y fue forzado a ingresar como conscripto en el ejército de su país, del cual desertó en 1993, exponiéndose a grandes riesgos.

Por este motivo, Alsamari pidió asilo en Inglaterra, donde vive desde mediados de la década del 90 y donde no pierde oportunidad de remarcar su disconformidad con algunas de las políticas aplicadas en los países islámicos.

No obstante, cuando compró su boleto Londres-Nueva York para participar de la premiere de “Vuelo 93”, la embajada de los Estados Unidos le negó la visa. ¿El motivo? ¡Haber pertenecido al ejército iraquí!