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19 de junio de 2019
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Por José Calero
Una "guerra" que sólo dejará perdedores
11 de mayo de 2008
Otra vez la Argentina se enfrasca en un enfrentamiento sin sentido entre protagonistas que deberían tirar juntos del mismo carro para llevar el país hacia un destino de grandeza.

Un conjunto de errores sucesivos, teñidos de orgullo y prejuicio, amagan con poner al país patas para arriba, y le hacen un daño enorme a las instituciones de la República, porque en esta Nación parece haber empezado a primar el deseo de revancha que llevó a las destrucciones sucesivas de sus proyectos de desarrollo.

Podría decirse a esta altura que, en el conflicto con el agro, todos los que tenían que acertar, se equivocaron:

- Lo hizo el Gobierno cuando con la campaña sojera ya lanzada buscó apropiarse, vía retenciones, de 2.500 millones de dólares adicionales que dejaría la cosecha por la suba de los mercados internacionales.

- Se equivocó, y le costó el puesto, Martín Lousteau, quien pretendía aplicar las retenciones móviles en diciembre último, a poco de asumir, y luego insistió en hacerlo el 11 de marzo, totalmente a destiempo.

- Faltó liderazgo de la presidenta Cristina Kirchner, quien debería haberse puesto a la cabeza de la resolución del conflicto más serio de su corta gestión, y resolverlo, como esperaba la sociedad en su conjunto.

- Dio un paso en falso la dirigencia agropecuaria, cuando luego de que el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, reconociera en la tumultuosa reunión del martes que las retenciones móviles habían sido más perjudiciales que beneficiosas, salieron a ventilarlo por cuanto micrófono se puso a disposición, en lugar de darle margen de maniobra al ministro coordinador para terminar de cerrar los cambios.

- Erró el ex presidente Néstor Kirchner, lo cual llamó la atención luego de los aciertos que tuvo su Gobierno, en inmiscuirse otra vez en la gestión de su esposa y ordenar al secretario de Agricultura clausurar las puertas de la negociación
con el campo.

Demasiados yerros para un Gobierno apremiado por una inflación que hace rato se le escapó de las manos, más allá de que se obligue al INDEC a deformar la realidad, en un temerario camino sin retorno iniciado por la anterior administración y continuado por Cristina.

En este escenario, donde la dirigencia agropecuaria tiene ahora la enorme responsabilidad de mantener el conflicto en su cauce y evitar que los "gurkas" del campo terminen copando la parada, es imposible lanzar el proyecto del Bicentenario imaginado por Cristina cuando asumió tras el Gobierno de su marido que, salvo por la inflación, parecía dejarle un lecho de rosas.

La fuerte caída en la imagen presidencial, aceptada en estricto ´off´ por cuanto referente del kirchnerismo se consulte, refleja el hartazgo de una sociedad que esperaba de este Gobierno el aprovechamiento de la bonanza económica para encaminarse del crecimiento al desarrollo sostenido, reduciendo a niveles mínimos la pobreza y el desempleo.

Los problemas no se agotan en el conflicto con el campo, ya que amenazan traducirse en problemas políticos que sólo traerán nuevas desazones.

En la provincia de Buenos Aires, donde la dirigencia justicialista sigue aún alineada con el matrimonio Kirchner, crece la inquietud entre intendentes y legisladores del "interior profundo".

"Hay preocupación, porque nosotros tenemos no sólo diputados y senadores provinciales presionados por los chacareros, sino hasta intendentes que son productores", graficó ante Noticias Argentinas con un dejo de tristeza uno de los hombres que tallan fuerte en la Legislatura bonaerense.

En este escenario, donde el horizonte de conflicto parece querer extenderse más allá del 15 de mayo, día en que la dirigencia del agro definirá cómo sigue esta película que mete miedo, algunos protagonistas deberían entender que hay estilos que la sociedad reclama dejar a un lado, en medio del espanto.

Los sondeos de opinión, el boca a boca de la calle, los comentarios en las oficinas y las fábricas, y el análisis de los más racionales están advirtiendo que la estrategia de reclamar la "rendición incondicional", una frase que más de una fuente puso en
boca de Néstor Kirchner en las últimas semanas en referencia al campo, está muy lejos de los deseos de una sociedad que quiere construir sobre la base de la búsqueda del consenso y el diálogo permanente, porque al fin de cuentas de eso se trata la Democracia.