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Argentina quiere que China y Rusia le presten con moneda del FMI
El pedido lo formuló el presidente del Banco Central. Reclamó habilitar esquemas para que Rusia o China puedan ser prestamistas de la Argentina. El riesgo país sube
24 de noviembre de 2021
En una declaración que sugiere complicaciones en la negociación con el FMI, el presidente del Banco Central (BCRA), Miguel Pesce, pidió que se habilite la posibilidad de que China y Rusia le presten a la Argentina los fondos enviados por el FMI en formato de Derechos Especiales de Giro (DEG).
Pesce reclamó que el Fondo Monetario flexibilice las condiciones de préstamos extraordinarios como el que le brindó a la Argentina, en especial, porque “no hay que descartar que se repitan otras circunstancias similares, en otros países”. El pedido, en línea con el reclamo del Gobierno, fue planteado en su exposición de cierre de las “Jornadas Monetarias y Bancarias 2021″, donde fue entrevistado por el subgerente de Investigaciones Económicas de esa entidad, Germán Feldman.

“Hay que adecuar los plazos y las tasas de interés a los volúmenes de asistencia que puedan requerir los países miembros del Fondo, especialmente los países en vías de desarrollo”, señaló Pesce.

Justificó esa afirmación en que tuvieron menos posibilidades de realizar políticas de apoyo a la actividad en la pandemia, algo que ralentizará una recuperación que en los países desarrollados se está viendo antes “porque pudieron invertir en eso el doble”.

El funcionario dejó así una pista sobre por dónde pasa la apuesta oficial, cuando pidió que se exploren “mecanismos bilaterales de asistencia a través de los bancos centrales y de mecanismos de swap de monedas” o se dé vía libre a la utilización de los Derechos Especiales de Giro (DEG) o la ampliación de los DEG que se dio este año a aquellas naciones que no los requieran para “poder canalizar estos recursos vía multilateral, pero también vía bilateral a aquellos países que requieren asistencia y que no necesariamente son países pobres”.

El señalamiento responde a que tanto en el FMI como en el G-20 se analizó la posibilidad de generar esos mecanismos de ayuda financiera, pero excluyendo de esa posibilidad a países “de ingresos medios” como la Argentina. El Gobierno, en este sentido, reclama que se amplíe a países de esta categoría y que enfrenten “situaciones de estrés financiero”.

La apuesta oficial es acceder, de esta manera, a recursos que podrían aportar países como Rusia o China, que el Gobierno usaría para ir cancelando deuda con el FMI para cambiar de “acreedor” y liberarse de la necesidad de definir programas fiscales o monetarios con metas explícitas. El mercado -si bien no esperaba grandes definiciones en la exposición de Pesce, dado que ya se sabía que cerraría el evento con una presentación sobre “problemas subyacentes de la economía global y lecciones de la pandemia” - aguardaba encontrar algunas pistas para entender por dónde el Gobierno planea acercarse a un acuerdo con el FMI, un entendimiento por el que parecía ahora razonablemente apurado tras haber postergado toda posibilidad de buscarlo en los casi dos años que lleva la administración Fernández.

Esto, dados los límites que está encontrando la política cambiaria y monetaria oficial, es decir, las estrategias que tuvieron al BCRA como protagonista principal, dado que fue quien debió poner a disposición del Ejecutivo todos sus recursos para mantener acotado el tipo de cambio y cubrir sin reparos el déficit fiscal mediante una sostenida emisión monetaria. Y, en especial, porque sus reservas propias vuelven a ubicarse en niveles críticos en momentos en que su deuda remunerada vuelve a rondar los 10 puntos del PBI (como antes de la corrida cambiaria de 2018) y la capacidad para generar recursos cumpliendo con lo dispuesto en su Carta Orgánica (CO) prácticamente agotada.

Ahora se confirma que la apuesta alternativa pasa por buscar opciones de financiación por si esos acuerdos -que se confirman como algo lejanos- se demoran o no llegan antes de la fecha límite que la administración Fernández se autofijó al pactar una refinanciación muy costosa de la deuda remanente con el Club de París: marzo de 2022.