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Por Iván Damianovich
San Cayetano recargado
8 de agosto de 2007
Fue por partida doble como para que no quedaran dudas o interpretaciones erróneas. “La sociedad pierde su dignidad cuando está basada en la dádiva y el clientelismo”, lanzó el arzobispo porteño, Jorge Bergoglio, desde el altar del santuario de San Cayetano y pocas horas después desde el púlpito de la catedral metropolitana.

Con una campaña política en cuenta regresiva, el cardenal primado aprovechó la fiesta del patrono del pan, la paz y el trabajo para recordar una de las prácticas más usuales y reprochables de la carrera eleccionaria: aquella que promete soluciones inmediatas, mercadería o dinero a cambio de votos.

La primera piedra la lanzó en Liniers cuando sostuvo que "cuando una sociedad basa el reparto de los bienes no en el trabajo sino en la dádiva o en los privilegios pierde el sentido de dignidad y rápidamente se vuelve injusta la distribución de los bienes, y las personas en vez de ser dignas son transformadas en esclavos o clientes".

Horas más tarde, el purpurado repitió el párrafo ante feligreses que pidieron celebrar la fiesta de Cayetano en la catedral metropolitana. La peculiaridad de este último encuentro lo dieron, además, dos personajes de la política de marcada diferencia entre sí: el líder piquetero Raúl Castells y la electa vicejefa de Gobierno porteño, Gabriela Michetti.

Ante ellos y una importante cantidad de fieles, Bergoglio insistió en que "con trabajo, no somos cliente de nadie, ni esclavo de nadie".

Sin dudas, fue un mensaje a la clase dirigente enfrascada en la lucha electoral de octubre. Nadie –ni el Gobierno ni la oposición- recogió el guante.

Ajeno al mundo de los medios, el arzobispo mostró en tanto, un inusual modo de relacionarse con la gente. Primero en el santuario de Liniers, cuando en varias ocasiones abandonó la lectura de la homilía e interrogó pastoralmente a los peregrinos y luego cuando se dejó fotografiar en la catedral junto a Castells y Michetti. Una foto que seguramente tampoco agradará al gobierno nacional.

A medida que se acerca octubre, resulta cada vez más evidente que el cardenal ha tomado la decisión de adoptar un rol cada vez más protagónico. ¿Habrá más?