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23 de marzo de 2017
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Por Iván Damianovich
El mundo se moviliza ante un ataque al Islam
8 de septiembre de 2010
Líderes de todo el mundo miran con preocupación las horas que quedan hasta el 11 de septiembre, cuando en Estados Unidos se recuerden los nueve años del atentado contra las Torres Gemelas.

Ocurre que para esa fecha está previsto un alarmante acto de intolerancia religiosa que promete convertirse en una bola de nieve de insospechadas proporciones: un pastor evangélico anunció la quema de un ejemplar del Corán, el texto sagrado de los musulmanes.

Se trata de un promocionado sacrilegio, instigado por Terry Jones, un pastor evangélico del estado de la Florida. Desde el púlpito invitó a realizar “El Día de la quema del Corán”.

El Corán es el libro que contiene las revelaciones de Dios a Mahoma y constituye el fundamento de la religión musulmana. Un ataque a ese libro implica un ataque a la religión y a todos los que profesan esa fe.

El anunciado acontecimiento puso en alerta a referentes religiosos de todo el planeta. Desde el Vaticano, el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso afirmó en un comunicado que se trata de "un gesto indignante y grave ofensa”.

"Se convoca a cada dirigente religioso y creyente a renovar la firme condena de todas las formas de violencia, en particular las que se cometen en nombre de la religión'', dijo la declaración de la Santa Sede.

A su turno, el secretario general de la Liga Árabe, Amr Musa, calificó el episodio como una idea "destructora" de un "fanático", al tiempo que un importante ayotalá iraní, Safi Golpayhani, señaló: "De parte de 500 millones de musulmanes, condeno este plan salvaje y advierto acerca de sus consecuencias".

Pero las condenas no llegaron sólo desde los líderes religiosos. También referentes políticos a nivel mundial dejaron trascender su preocupación.

"Condenamos de manera enérgica cualquier tipo de acción de este tipo", aseguró una portavoz de la jefa de la diplomacia de la Unión Europea (UE), Catherine Ashton.

Mientras tanto, El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, se mostró "profundamente perturbado" y manifestó que "tales acciones no pueden ser aprobadas por ninguna religión.

Siguieron las reprobaciones de las más altas autoridades norteamericanas y de referentes judíos, cristianos y musulmanes.

En definitiva, se trata de un saludable reflejo de la comunidad mundial. Tan reprobables son los actos de terrorismo que el 11 de septiembre de 2001 terminaron con la vida de miles de personas como la pretendida intención de dañar los símbolos sagrados de una religión, cualquiera sea la piedra angular sobre la que se sustente su fe.