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20 de julio de 2017
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Por Iván Damianovich
La clave religiosa en elecciones brasileñas
6 de octubre de 2010
A casi un año de las elecciones presidenciales, los políticos argentinos deberán tomar nota de lo gravitante que puede ser en el electorado la cuestión religiosa, luego de comprobar que la segunda vuelta que tendrá lugar en Brasil se verá fuertemente condicionada por el sufragio cristiano.

Ocurre que el comité de campaña del Partido de los Trabajadores admite puertas adentro el error de no haber contemplado adecuadamente los valores religiosos de gran parte del electorado en lo que a temas sensibles se refiere, como la legalización del aborto.

La excelente performance de la ex candidata verde y militante evangélica Marina Silva ha dejado muchas lecciones que, por estos días, intentan ser decodificadas lo más acertadamente posible entre las filas de la candidata oficial Dilma Rousseff.

Una de las hipótesis que se baraja es qué hubiera sucedido el domingo pasado si la predilecta en las encuestas hubiera obviado pronunciarse sobre la eventual modificación de la legislación que penaliza la interrupción del embarazo. Hay quienes se animan a responder esa cuestión sin medias tintas: Rousseff hubiera alcanzado la presidencia de Brasil en primera vuelta.

Más allá de las hipótesis, lo que queda en claro es la importancia que tiene en países de la región el voto cristiano. En el caso de Brasil, tanto católicos (es el país con más cantidad en el mundo) como evangélicos (esta iglesia ha crecido en las últimas décadas en forma exponencial) expresan su oposición a la despenalización del aborto.

Si bien esto fue advertido por Rousseff poco antes de la finalización de la campaña, no alcanzó a modificar una percepción fuertemente instalada, en especial a través de Internet y la presión que ejercieron grupos conservadores.

Horas antes de la elección, Dilma se presentó públicamente junto a líderes religiosos y de varias confesiones en Brasil, donde señaló: “Estoy personalmente contra el aborto", pero apoyaría la despenalización por una "cuestión de salud pública", para evitar la muerte de miles de mujeres por año en abortos clandestinos en Brasil.

El sinsabor que dejó en el PT el error en la campaña ha dejado algunas cosas en evidencia: pese a que la dirigencia política se empeñe en esterilizar los proyectos electorales de cualquier “contaminación” de carácter religioso, la dimensión religiosa del hombre siempre estará allí, presente.

En lo que a la Argentina se refiere, habrá que evaluar también el año próximo qué tanto puede influir en el electorado definiciones éticas, bioéticas, filosóficas y religiosas.

Porque, más allá de todo esfuerzo de marketing que reflejen los atributos personales de los candidatos, habrá que poner también un oído en la sensibilidad de la gente que, durante años, fue configurando un tejido cultural no siempre tan sencillo de desentrañar.