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15 de octubre de 2019
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Por Iván Damianovich
Un político y un teólogo, nuevos cardenales argentinos
24 de noviembre de 2007
Una de las maneras más adecuadas de calificar las acciones del gobierno de la Iglesia es la obsesión por preservar el equilibrio. Ese criterio quedó al descubierto tras la decisión del Papa de “crear” los nuevos cardenales argentinos Leonardo Sandri y Estanislao Karlic.

Sandri tiene destacados dotes políticos. Su figura creció al tiempo que la de Juan Pablo II se apagaba. Se constituyó en su voz cuando el pontífice polaco, aquejado por el mal de Parkinson, perdió la capacidad del habla. Y supo desenvolverse detrás del ex poderoso secretario de Estado vaticano Angelo Sodano.

Karlic, en tanto, cultivó su perfil más pastoral y cercano a los problemas de la gente, aunque no por ello alejado de las decisiones políticas que le tocaron tomar cuando asumió como presidente del Episcopado argentino en el peor momento de la historia del país. Fue durante su gestión que la Iglesia propuso la Mesa del Diálogo y los planes Jefas y Jefes a fin de encontrar una salida pacífica al desgobierno, la pobreza y la desocupación acuciante.

Sandri, afincado en Roma desde hace muchos años, tiene una mirada más distante de la situación del país. Ocupado en su rol como funcionario del gobierno de la Iglesia, dedica sus días al trabajo de la Santa Sede, en especial en la Congregación para las Iglesias Orientales, el nuevo espacio que ocupa luego de ser removido como número tres del Vaticano.

Una alta fuente del Vaticano explicó a Asteriscos.Tv la realidad de ser argentino en el gobierno de la Iglesia. “Para quien vive en el Vaticano, aunque sea argentino, la Argentina es la extrema periferia del mundo: se sabe más qué pasa en Afganistán que en Buenos Aires”, graficó.

Más allá de todo, la designación de Sandri como cardenal constituye un reconocimiento al servicio de la Iglesia, sobre todo si se considera que por su edad, participará del próximo cónclave que decida la sucesión de Benedicto XVI.

Diferente es la situación de Karlic. Por haber superado el límite de los 80 años, no podrá elegir al nuevo Papa. Su designación como príncipe de la Iglesia obedece, entonces, a un reconocimiento por su tarea pastoral y teológica. La contribución de Karlic a la redacción del nuevo catecismo así como su humildad demostrada en todos los ámbitos en los que le tocó desenvolverse son, para Joseph Ratzinger, motivos sobrados para otorgarle el birrete cardenalicio.

Un político y un teólogo. Uno vive en Roma y otro en Paraná, jubilado. Uno dedicado a la diplomacia internacional y el otro a escribir y mantener vivo el espíritu de discernimiento en la teología cristiana. Para todos los gustos. Bien argentino.