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Por Iván Damianovich
Una audiencia esperada que desata internas
5 de diciembre de 2007
La eventual audiencia que podría conceder Cristina al presidente del Episcopado, Jorge Bergoglio, es analizada como una posibilidad cada vez más real en ambientes eclesiásticos, donde, al mismo tiempo, se tejen renovadas internas que pueden enturbiar el proceso de acercamiento entre la Iglesia y el Gobierno.

A su regreso de Roma, el cardenal Bergoglio instruyó a sus colaboradores para que tanteen el terreno a fin de conocer las posibilidades de concretar el mentado encuentro entre el Episcopado y el Poder Ejecutivo tras más de tres años de enfrentamientos y desconfianza.

Los signos que desde el Gobierno dieron hacia la Iglesia parecen haber reestablecido mínimamente un punto de contacto. El discurso conciliador de la presidenta electa y el freno que, según trascendió, le aplicó a los proyectos de ley que buscaban la reglamentación del aborto terapéutico fueron indicios que permiten vislumbrar un cambio en la compleja relación.

Pese a todo, en las últimas horas, el principal escollo se presentó puertas adentro de la Iglesia. La exposición del arzobispo de La Plata en el Vaticano sobre la refinanciación que el gobierno argentino hace de su deuda externa complicó las cosas. Ocurre que el prelado afirmó que esa renegociación está basada en la “lógica de la usura” y, de esta forma, procuró asestarle un golpe al gobierno nacional.

Aguer es un obispo del ala más conservadora de la Iglesia que en los últimos años quedó relativamente relegado por sus pares del Episcopado, donde predomina el ala moderada.

Fue obispo auxiliar de Antonio Quarracino y luego, al asumir Bergoglio, ocupó la arquidiócesis de La Plata. Es de público conocimiento el enfrentamiento que mantienen Bergoglio y Aguer y que permanece a lo largo de los años sin visos de solución. Aguer es cuestionado entre sus pares y parte de la curia porteña por su fría distancia con la feligresía y su apego a las formas. Delicado y extremadamente cauto, el arzobispo de La Plata es un destacado intelectual de renombre internacional y con buena llegada a Roma.

Pese a todo, tiene en su historial un hecho que todavía despierta suspicacias y desconfianza: Aguer salió de garante del ex banquero Francisco Trusso, condenado por maniobras fraudulentas a través del Banco de Crédito Provincial (CPC). La garantía, ofrecida por el propio Aguer a título personal, fue de un millón de pesos. El hecho ocurrió en el año 2003 y todavía hoy se preguntan en diferentes ambientes eclesiásticos si lo hizo porque se lo pidió Roma o por su amistad con el malogrado banquero.

En conclusión, las declaraciones de Aguer llegaron en mal momento para quienes procuran dejar atrás los años de desencuentros. Al parecer, desde el Gobierno no existe intención de salir a responder a Aguer. La idea es mantener el agua lo más calma posible hasta que finalmente la nueva presidenta se acomode en el sillón de Rivadavia. Ahí apuntan todas las miradas.