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21 de julio de 2019
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Por Iván Damianovich
San Cayetano: más inclusión y menos discusiones
7 de agosto de 2008
En un país crispado, con fuerte tendencia a la discusión y el enfrentamiento, el santo patrono del pan, la paz y el trabajo, mostró este año la cara de la inclusión, el diálogo, la paciencia, la tolerancia.

Como suele suceder cada 7 de agosto, la festividad marca un punto de inflexión y análisis a mitad de año. A la luz de los acontecimientos que sembraron de virulencia el ámbito político y social, la primera mitad de 2008 será más para el olvido que para el recuerdo. La segunda mitad que acaba de iniciarse puede impregnarse del aroma que San Cayetano dejó entre la marea de fieles que se acercó hasta Liniers para rezar, agradecer y pedir por el trabajo de los argentinos.

La homilía del cardenal Jorge Bergoglio durante la misa central tradujo en palabras el sentir de la feligresía y los ánimos de miles que llegaron hasta el santuario. Ante ellos, el primado de la Argentina habló de una “Patria sin exclusiones” y, en tal sentido, exhortó a “edificar sin discusiones”. Preciso, si se tiene en cuenta que la discusión instalada como método casi excluyente de la política argentina desde hace unos meses sólo trajo división y desencuentro.

En paz, con una tarde invernal soleada, los peregrinos escucharon a Bergoglio. El arzobispo se refirió a esa muchedumbre como “esos que se levantan cada día y trabajan, esos que vienen a pedir la gracia de tenerlo, que no roban sino que trabajan. Los que no se pasan de vivos y viven de lo que producen el trabajo de otros, sino que trabajan ellos”.

El mensaje fue claro y con infinidad de receptores, tal como acostumbra el arzobispo porteño. Será difícil encontrar un único destinatario.

Por lo pronto, desde San Cayetano algunas cosas quedan más en evidencia. Que es necesario el trabajo. Que, pese a haber declinado el índice de desocupación, aún hay muchos argentinos fuera del mercado laboral. Que las condiciones laborales deben mejorar. Que la dignidad de la persona se fortalece cuando tiene trabajo y que robar o aprovecharse del trabajo de otros derrumba los anhelos de construir una sociedad más justa.