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18 de julio de 2019
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Por Iván Damianovich
Luján y el esfuerzo necesario por creer
23 de diciembre de 2008
A horas de la Navidad, la Basílica de Luján –el templo por excelencia de la fe de los argentinos- cobijó a propios y ajenos, oficialistas y opositores, dirigentes y pueblo. No es poca cosa.

Pese a la enorme distancia que puede establecerse entre las palabras de monseñor Jorge Casaretto, orientadas a promover el diálogo y el encuentro, y la realidad política argentina, plagada de división, el gesto al que convocó la Iglesia es fructífero en sí mismo.

Como la “lucecita” que advirtió el propio cardenal Samoré en 1978, desde Luján 30 años después una pequeña llama de esperanza pudo haberse encendido para la sociedad argentina. Por unas horas dirigentes fuertemente enfrentados convergieron en un mismo lugar para dar gracias por la paz lograda tres décadas atrás.

La mirada al pasado siempre interpela la situación del presente. Resultaría hipócrita vanagloriarse del consenso alcanzado hace 30 años y no hacer referencia al disenso constante que embriaga a los políticos argentinos de este 2008 que se acaba.

Sin dudas, a la Argentina le queda mucho por construir desde la paz, el diálogo y la tolerancia. Desde la diferencia respetuosa y el disenso constructivo.

En la basílica de Luján, bajo la mirada de la Virgen, la dirigencia hizo un ensayo. Tal vez sólo una expresión de deseo con la Navidad a la vuelta de la esquina. Una buena ocasión para volver a creer.