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15 de julio de 2019
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Por Iván Damianovich
Bergoglio abrió la ventana por la que el mundo se asoma a la Argentina
La conmoción no cede y el país advierte que está ante el hecho más importante de su historia. La imagen del papa Francisco es la primera representación que millones tienen de un planeta periférico
16 de marzo de 2013
La Argentina adquiere por estos días una visibilidad nunca jamás conocida a partir de la elección de Jorge Bergoglio como el papa Francisco. El único antecedente que apenas puede emparentarse es el triunfo de la selección de fútbol en 1986, aunque las y consecuencias de uno y otro acontecimiento sean absolutamente disímiles.

Sin pretenderlo, Bergoglio se convirtió en el hombre más importante de la historia argentina y su consagración como Papa reviste para el país el hecho más importante de su historia.

Una mezcla de incredulidad y conmoción se apoderó de los argentinos al conocerse la noticia. La perplejidad no logró diluirse con el paso de los días y fue adoptando diferentes fisonomías.

El acontecimiento provoca sentimientos inexplorados de insospechada resolución. Es conversación obligada de un café porteño. Es referencia ineludible en las oficinas. Es jornada de reflexión y análisis en jardines de infantes y universidades. Es oración y campanadas en iglesias.

Pero también es la bocina de un taxi y el comentario de periodistas ateos y religiosos. Es asombro y consulta de eruditos. Es llanto de mujeres y hombres en sus horas de trabajo. Es emoción en redacciones y expectativa entre los jóvenes.

Un 13 de marzo de 2013, mientras la tarde casi otoñal argentina miraba de reojo una realidad tal vez muy lejana, la noticia proveniente de Roma tomó a todos por sorpresa. El impacto no cede al tiempo que los argentinos comienzan a comprender que súbitamente y casi por milagro el país de la periferia desconocido por muchos es observado, indagado, escrutado.

Y la primera imagen que millones de personas tienen del país es la de un hombre poderoso que escandaliza por su sencillez y austeridad. La de un hombre que alcanzó el lugar de mayor representatividad entre los líderes mundiales que le pide al mundo que rece por él.

Inexplicablemente, la Argentina ha ingresado en una nueva lógica, empujada por el papa Francisco. La lógica de la humildad y la fidelidad a los valores más nobles. El mundo se asoma a esa ventana a través de un argentino mientras sus compatriotas comienzan a ensayar también ese camino. El desafío de transitarlo es ahora la interpelación que desvela.