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19 de julio de 2019
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Por Iván Damianovich
Inundaciones: la maquinaria de la compasión
En medio del drama de las inundaciones, y antes del “sálvese quien pueda”, antes del “no te metás”, emergen silenciosamente y desde el anonimato los intentos por acompañar el dolor ajeno de mucha gente
5 de abril de 2013
Las desgarradoras imágenes de miles de personas emergiendo de la catástrofe y las desesperantes consecuencias de advertir el abandono del Estado han activado una vez más en la sociedad argentina la maquinaria de la compasión. Movidos por el dolor, por la solidaridad y por la indignación, son cientos de miles los argentinos que se volcaron a la tarea de ayudar a quienes sufren los efectos de las inundaciones.

Se trata de un reflejo social inspirado en lo más profundo de la idiosincrasia argentina, atravesada por la desolación, la promesa incumplida, la frustración y la esperanza reparadora.

El dolor ajeno pone en movimiento a la comunidad. Lejos de la impasibilidad del telespectador arquetípico, familias enteras se vuelcan a la acción. El motor que lo alimenta es la compasión. En mayor o menor medida, el deseo genuino de padecer con el otro parte de su drama.

En tiempos en los que se subraya el carácter egoísta y desinteresado de la sociedad, una catástrofe como ésta reorienta los axiomas. Antes del “sálvese quien pueda”, antes del “no te metás”, emergen silenciosamente y desde el anonimato los intentos por acompañar el dolor ajeno.

Esa compasión evidenciada en La Plata no es excluyente de otras tantas. Aparece, mucho más velada, en acciones cotidianas y escondidas cada vez que hombres y mujeres se lanzan a la aventura de sostener un comedor, levantar una casa, administrar una guardería o acompañar a los ancianos de un geriátrico.

Ante la desolación y el desamparo en cada barrio expuestos, fluye todavía el compromiso de muchos por lograr una sociedad más justa.